Primer día de navegación – Carta del Grumete
Desde L’Escala a algún lugar entre las Baleares y el sur de Francia
No sé como empezar las cartas, en tus libros sería algo así como “Querido padre, le escribo estas líneas….”. Además no sé cuando podré mandarla, no es que vayamos a la jungla, ya me cuesta encontrar buzones en el barrio, como para encontrarlos en otro país. En cualquier caso, voy a seguir con tu idea de escribir un poco cada día y cuando pueda enviaré todo lo acumulado.
Como ya os conté en la carta anterior, zarpamos de L’Escala por la mañana y el Mare Nostrum nos recibió con los brazos abiertos. Con un día espléndido, con el sol reflejándose en las olas, con un brisa refrescante que apenas hinchaba las velas del Acrobat, por lo que enseguida hizo falta ayuda desde la sala de máquinas.
El primer contacto con el mar fue muy bueno. Lo cierto es que disfruté mucho de las primeras clases de Diego y Fernando, poniéndole “cara” a términos que ya conocía de libros y películas:estribor, babor, proa, popa, foque. Enseguida me enseñaron algunas maniobras y conceptos de la navegación muy básicos.Entre eso y la preparación de las tareas diarias de revisión de las tecnologías a bordo que me tocará hacer varias veces al día, la verdad es que pasó el mediodía, comimos algo, entró la tarde y aún estaba en pleno embeleso.
Un pensamiento marino profundo
Con la caída de la tarde y sin tierra a la vista, sentado en cubierta y viendo caer el sol a espaldas de Fernando, que estaba al timón. Mientras Diego trasteaba abajo, pasó fugaz por mi cabeza un pensamiento angustioso. Sólo entonces, a pesar de haberlo leído cientos de veces y habértelo oído otras tantas, fui consciente de la inmensidad del mar y de que apenas unos centímetros de distintos materiales nos separaba de un medio hostil para el ser humano.
Lejos de acojonarme, lo cierto es que lo primero que me vino a la mente fue la idea de alguien, no muy diferente a mí (quizá con más pelo), pensando que los peces son más grandes cuanto más lejos lanzas la red y que a lo mejor si se montara en aquel tronco que había dejado la marea…
Casi al mismo tiempo recordé una frase que esa misma mañana había oído a Diego en su “curso acelerado de navegación para terrícolas redomados”, una de esas que suena a recitadas de instructor a alumno desde generaciones: “El timón es lo que hace que una cosa que flota se convierta en una embarcación”. Así me di cuenta de que no son los centímetros de fibra de vidrio, madera y metal los que nos salvan de un medio que no es el nuestro, sino que es nuestra pericia la que nos permite dominarlo, aprovechar sus corrientes, usar el viento, torcerlo hacia donde queremos…
Despedida
Así concluyo mi primera noche de escritura. Quizá reconfortado por alguna bebida espirituosa, que hoy me puedo permitir beber, al estar eximido de la primera guardia (para lo que podría hacer…). Reconciliado con una humanidad que ha sabido adaptarse a su entorno y superar barreras naturales, trascendiendo como especie.
Si hemos hecho eso, cuánto más fácil será vencer las barreras que nos hemos puesto a nosotros mismos y ser mejores.
Mañana más, ahora me voy a que me acune un Poseidón hoy benévolo.
Juan Sebastian Pym
No te has portado mal Juan Sebastian, doble ración de grog para el grumete Pym!