La sorprendente costa sarda – La carta del grumete

Hace apenas media hora he echado mi segunda carta de la travesía en un buzón de Stintino, Cerdeña, donde hemos hecho una parada no prevista, y ya empiezo la nueva, que ya deberá esperar a Nápoles si todo sigue según lo previsto.

Hoy han pasado muchas cosas, casi parece mentira que haya pasado sólo un día desde que os escribía sin tierra a la vista. Ayer me despertaba de mi primer sueño marinero y la verdad es que fue un sueño reparador, de esos en los que abres los ojos justo al final de soñar algo bonito, relajado y con ganas de empezar el día.

Aunque lo cierto es que pronto el haber dormido tan profundamente y bien se teñiría de algo de culpabilidad, ya que cuando subí a cubierta, Diego me dijo que me había perdido una buena movida nocturna.

Por lo visto, todo el viento que nos había faltado durante el día se levantó mientras Diego y yo dormíamos y Fernando hacía guardia. Sobre las 3 de la madrugada, con el viento llegando hasta los 18 nudos, Fernando decidió despertar a Diego para entre los dos ¿maniobrar?.. no sé si se dice así. Lo que me dijo esa mañana Diego es que habían dudado “entre tomar dos rizos o sólo uno” y que “menos mal que tomaron 2 porque el viento llegó pronto a 30 nudos” (lo que es bastante fuerte ya). La verdad es que hasta que no me tocase eso de “tomar rizos” no iba a entender bien lo que es.

Ya sé que la cosa era un poco complicada y seguramente no hubiese podido ayudar, pero me fastidia haber estado ese rato soñando con sirenas y señores con tridente.

A esas primeras horas de la mañana la cosa estaba más tranquila y habían puesto el motor, así que me di mi vuelta de supervisión de aparatos varios después de desayunar. Cada vez que veo esa maravilla de dron, me entran unas ganas de volarlo…. pero por lo visto primero habrá que geolocalizarlo en tierra cuando estemos en Italia.

Llegada a Cerdeña

Luego volvió a subir el viento durante el día, así que paramos el motor y pudimos seguir a vela. Sobre las cinco divisamos tierra (yo, por primera vez): la costa noroeste de Cerdeña, primero como una línea en el horizonte y más tarde adivinando el perfil rocoso y agreste de una costa mucho menos explotada turísticamente y con menos poblaciones a pie de playa de lo que estamos acostumbrados los que conocemos el mar desde tumbonas en Salou o chiringuitos en Peñíscola.

A nuestra derecha, perdón, a estribor, se adivinaba una zona más poblada, supongo que Alghero, pero nosotros fuimos virando hacia el norte de la isla, donde bordeando la cara oeste de un grupo de islas, la mayor de las cuales, Asinara, es un Parque Nacional protegido y fue penitenciaría en su tiempo (es curioso cuantas veces se encuentra una historia semejante en islas desde pequeñas como Cabrera a grandes como continentes, como Australia).

Dejando a estribor las aguas turquesa de la maravillosa playa de La Pelosa, una de las más bonitas del Mediterráneo, según dicen, llegó el momento de tomar la decisión de si nuestro paso por la Cerdeña norte iba a ser corto o largo, es decir, si continuábamos en travesía hasta encarar el mar Tirreno o si nos tomábamos un descanso. Lo cierto es que el jaleo de la noche y lo acogedoras que parecían las calas y pequeñas poblaciones de la zona convencieron a padre e hijo de buscar un lugar donde atracar y bordeamos la costa hasta el puerto de Stintino, el pueblo más grande de la zona.

Allí debió de haber algún problema para contactar con las autoridades. Parece ser que en los puertos las cosas no son tan fáciles como ir dando vueltas hasta que encuentras un sitio para aparcar y luego pagar el parquímetro (gente seria, la gente de mar). Diego llamó por radio y no contestaba nadie. Aparentemente hay un canal fijado en el derrotero, que es el mapa que se lleva para rutas marítimas (si, papá, preguntaré si se puede comprar uno… luego no pidas regalo de cumpleaños), y otro canal que suelen usar siempre los puertos, pero nada.

Por lo visto, lo que sí que se puede hacer es entrar en la gasolinera del puerto para abastecerse. Así que tocó una maniobra de atraque complicada para meter el barco donde a mi no me parecía que cupiese (abarloar, la llamaron: aparcar en paralelo para legos). No contribuyó a mi tranquilidad el hecho de que los dos expertos empezaran a discutir sobre si cabía o no y reconozco que no contribuí tampoco a la calma cuando me bajé a por mi portátil y los datos por si había que saltar.

La cosa salió bien y ni el Acrobat, ni la barca de pescadores a popa, ni la zodiac con su amenazador motor a proa sufrieron un arañazo, no tanto la confianza de mi almirante y mi capitán sobre mi valentía.

La plana mayor fue a un restaurante a comer y yo me he quedado en la cabina a escribir esto comiendo mis noodles autocastigado en lugar de lo que sea que comieron ellos, no lo quise ni saber.

Stintino – La Colba

Anoche en Stintino podría haber echado otra carta, pero no me pareció bien salir a buscar un buzón porque había que discutir el cambio en la ruta al haber atracado aquí.

Por la mañana…. bueno por la mañana tampoco era aconsejable ni abrir la boca, porque tuvimos un despertar pintoresco, creo que fuimos los tres testigos de una demostración práctica de la riqueza en cuanto a imprecaciones de la lengua italiana y de los modismos sardos…

Resulta que lo que os conté anoche del “aparcamiento apurado” no se puede hacer. Diego consiguió salir del paso explicando que habíamos intentado contactar y que su padre estaba mayor y se había hecho daño en el brazo.

La cosa es que no estaba la cosa para preguntarle nada al señor iracundo, así que no habrá ninguna actualización postal hasta Napoles.

El plan había sido salir pronto para poder superar de día el Estrecho de Bonifacio y volver a hacer noche de travesía en el Tirreno de camino hacia las Islas Pontine, pero, aunque Diego repasa meticulosamente las previsiones metereológicas para preparar cada jornada, siempre surgen imprevistos y en ningún parte incicaban la presencia de un iracundo abuelo italiano a cargo del puerto en el que has atracado haciendo aspavientos, gritando y señalando a lo que parece ser su barca? Así que tocó nuevo cambio de planes: navegaríamos hacia el Capo Testa y fondearíamos para encarar el estrecho de mañana.

Esta etapa ha sido curiosa, por un lado hemos disfrutado de las vistas de una costa maravillosa, más poblada que la cara noroeste de la isla y con unas playas cada vez mayores según avanzábamos hacia el este navegando en ceñida, lo que es muy divertido y hace que el día se pase más rápido y sólo hubiese un par de momentos de “te dije que…” “si me hubieras hecho caso”…

Ya he podido participar en alguna maniobra: tira de este cabo, ata este otro, cuidado con la cabeza, etc… y he acabado chipiado, pero le estoy cogiendo el tranquillo a esto y por lo menos ya entiendo la mecánica de la navegación a vela. Debe ser una tontada, pero estoy superorgulloso de haber ayudado a hacer un rizo en la mayor. Como si hubiese ganado la Copa América. Diego y Fernando se miraban y se reían, pero me da igual. Ya le dije a mamá que no acabo el viaje sin ponerme en la proa a gritar lo de “I’m the King of the World” y sin abordar otro barco en plan piratas.

Estoy convencido de que Diego se hubiese animado a pasar el estrecho, a lo mejor con una compañía que juntase la experiencia de su padre y mis años, pero dijo que como no teníamos prisa, mejor no arriesgarse a pasar la noche con la costa a sotavento (hacia donde sopla el aire). Así que fondeamos en La Colba, de nuevo una zona poco poblada de Cerdeña, pero con una costa completamente diferente, con roca desnuda y playas más pequeñas.

La Colba-Islas Pontine

Esta cuarta etapa va a depender un poco más de mi memoria que las anteriores, ya que la escribo en Nápoles porque en Ponza sólo paramos un poco a echar una cabezada y seguimos del tirón para poder cumplir con el calendario que Diego había acordado con nuestros primeros compañeros temporales (y famosos).

Ayer zarpábamos de mañana desde La Colba, tras un baño matutino muy breve (bajar al agua es fácil, subir no tanto), creo que hice otra de esas demostraciones de agilidad que me caracterizan.

Precioso el sitio, por cierto, por lo poco que llevo visto. Cerdeña es destino recomendado, si alguna vez te animas a la navegación aérea. A mamá y a los tíos les encantaría porque no tiene pinta de estar saturado de gente, por lo menos esa zona.

Además verás mucho barco, porque según superábamos el estrecho y nos acercábamos a las islas de la Costa Esmeralda vimos la parte más turística de Cerdeña y navegamos por lo que diría que es una autopista marítima. ¡Qué cantidad de veleros, lanchas, ferrys, barcas…! No tiene pinta de ser una zona de poca pasta precisamente.

Según comentaba Diego, tuvimos mucha suerte porque el viento soplaba a nuestro favor y nos hizo muy buen tiempo y pudimos deleitarnos con un paisaje muy bonito, con esas piedras que comenté que empezaban a verse y que da a las costas un aspecto como de mármol.

Las costas a ambos lados y el paso de tantos barcos hizo que esta parte de la travesía se nos hiciera cortísima y se recuperara el buen rollo tras un par de días de discusiones.

Enseguida dejamos atrás las costas de la isla y encaramos hacia las Islas Pontine, hacia Ponza, donde fondeamos unas horas para cenar y descansar un rato. A medianoche zarpamos con la idea de llegar a Nápoles a primera hora de la mañana.

Ponza- Nápoles

Poco tiempo tuve para disfrutar de la navegación nocturna, el suficiente para darme cuenta de por qué los antiguos usaban las estrellas para navegar. Hemos perdido la costumbre de mirar al cielo de noche, porque la civilización nos ha ocultado las estrellas, pero durante muchos siglos fueron nuestras compañeras en la oscuridad y nuestras guías.

Pero, como digo, poco tiempo puede disfrutar de ver perfectamente el perfil de la Vía Láctea, porque según nos acercábamos a la isla de Ventotene, esta hizo justicia a su nombre y nos trajo un empeoramiento del tiempo que hizo que tuviéramos que estar los tres con los cinco sentidos en la navegación para llegar con las primeras luces a divisar Ischia, una isla que custodia la entrada a la bahía de Nápoles y junto a la cual, está la impresionante figura del primer Castelo Aragonese que nos vamos a encontrar en esta Ruta de la Corona de Aragón.

Dejamos Ischia y el Castelo atrás, aunque volveremos a visitarlo uno de los días que pasaremos a los pies del Vesubio.

Diego había previsto atracar en el puerto de Torre del Grieco porque por lo visto es el más cercano al Vesubio y nos facilitaba la excursión que haremos cuando lleguen nuestros refuerzos del continente, la infantería aragonesa: nuestros Almogaváres.

Según entrábamos en el puerto ya nos dio mala impresión, porque era una serie de pantalanes flotantes con pinta cutre y con mucha gente de mirada torva que nos seguía con la mirada…

Nada más atracar Diego fue a preguntar por un sitio para poder ducharnos y asearnos con comodidad y otro con wifi para poder enviar datos, videos, etc… y volvió con bastante cabreo porque le habían señalado una manguera en el primer caso y a las luces de la ciudad en el segundo caso…Ese mismo día decidió que en que llegasen los nuevos compañeros, nos mudaríamos a otro puerto con más comodidades.

A mi la verdad es que me parece como muy pintoresco, pero seguro que es por haberme visto demasiados capítulos de Los Soprano y demás, lo que sí que es verdad es que no es como los otros puertos en los que hemos estado.

De todas maneras, no os ralléis, que nos mudamos enseguida y Diego se las ha arreglado con esta gente y hasta ha conseguido wifi.

Bueno, aquí lo dejo, que tengo que dejar todos los aparatos revisados antes de acostarme que vamos a estar una temporada parados, mañana buscaré un buzón de esos rojos tan chulos que tienen en Italia.

En la próxima entrega de nuestras aventuras, conquistaremos tres volcanes y conoceremos algo más de la herencia aragonesa en Italia y Sicilia. A ver si encuentro un libro que lo explique, aunque sea en italiano.

Muchos besos con sabor a salitre

Juan Sebastián Pym

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