Los almogávares conquistan los volcanes del Mediterráneo segunda parte

Día 8 Ischia

Hoy hemos vuelto a la rutina de la preparación cada día, a repasar los datos y el estado del sistema anticorrosión, de las placas solares y de la conexión satélite del dron, aunque aún falta para poder usarlo.

Y Diego ha vuelto a sus comprobaciones del tiempo por partida doble y a marcar la ruta a seguir, en este caso cruzaremos la bahía de Nápoles hasta Ischia, la isla en la que se encuentra el Castelo Aragonese que vamos a visitar para mantener el contenido de la Ruta de reivindicar el patrimonio aragonés en el Mediterráneo. También hay que adelantar la navegación de mañana hacia Stromboli, mucho más exigente por distancia, ya que saldremos bastante pronto.

Hoy el Mar Tirreno nos ha amanecido movido y con un ligero viento en contra, lo que ha hecho que hayamos tenido una navegación movida que, con tanta tripulación, se ha hecho muy divertida, con un punto de vergüenza por mi parte de ver lo rápido que Carlos, Raúl y Fran han cogido los conceptos básicos.

Casi nos ha dado pena desembarcar en la isla, pero el calendario para la próxima semana está ajustado al milímetro y no hay tiempo que perder.

El Castelo Aragonese está construido en un islote, unido a Ischia por una pequeña carretera, un islote fortificado desde la época romana al que todos los pueblos que se han turnado históricamente al mando de la bahía (de los visigodos a los italianos, pasando hasta por los normandos), pero cuya estructura actual fue establecida cuando la Corona de Aragón sumó Nápoles a sus dominios en Sicilia en 1441. Lucía os lo explicará mejor.

Como esta noche íbamos a pasarla de travesía hacia el sur, hacia las Islas Eolias y otro volcán: el Stromboli, nos concedimos un rato de relax tomando unas cervecitas en el puerto de Ischia con Nápoles a la vista.

napolesadios

Día 9 navegación a Stromboli

Tras unas horitas de descanso, y después de la rutina matutina de revisión de los proyectos tecnológicos y la de Diego de revisar y contrastar el parte metereológico en toda la ruta y trazar ésta con todo detalle, salimos hacia el Stromboli, el segundo volcán de los tres que vamos a subir.

Este está en una de las Islas Eolias, que bordean el litoral norte de Sicilia, de forma que nos dirigimos al sur, con menos viento y algo más de ola que la mañana anterior.

Volvimos a cruzar la bahía de Nápoles y vimos el castillo de Castelmare a cuyos pies habíamos celebrado el cumpleaños de Diego y pasamos entre el pueblo de Sorrento y la famosa isla de Capri, de nuevo con abundancia de yates propiedad de como llamen aquí a la Jet Set.

Desde ahí, la última parte de la Catania y toda la región de Calabria apenas la adivinaríamos porque se redujo la visibilidad y navegamos algo más lejos de la costa, tomando la ruta más corta hacia las islas.

Todos tuvimos nuestro tiempecillo al timón con la ayuda de Capitán y Almirante y yo empecé a pagar las deudas contraídas en el “desliz napolitano”. Me tocó cocinar, fregar y cuando llegó la noche, guardias dobles, amenizadas con apariciones de mis compañeros marineros que querían asegurarse de que seguía despierto mediante lo que entendían era un sistema infalible: darme sustos

Poco pude disfrutar de la soledad en cubierta, porque abajo no parecía haber mucha gana de dormir y más bien alguno daba cabezadas mientras se contaban historias divertidas sobre lo mal que sabe la leche de yak o no tan divertidas sobre expediciones complicadas.

Cuando me ha tocado a mí, no les he aguantado ni dos rondas con mis anécdotas de fiestas universitarias frente a historias de alpinismo en el filo y de campeonatos de vela y emprendedores tecnológicos.

Es curioso, dos mundos tan distintos y como resuenan con una frecuencia tan parecida. Me imagino que es porque ambos: mar y montaña beben de la misma veta del carácter humano: la de la aventura, la de superar el siguiente reto…

El Almirante me ha dado la excusa al sacar la cabeza para protestar por el ruido y me he retirado a dejar unas notas para esta carta y a planchar merecidamente la oreja hasta la llegada a nuestro destino.

 

Besos para todos

Juan Sebastian Pym