Día 17: De Lipari a Ustica, el Mediterráneo muestra su otra cara

Si ayer tuvimos uno de los mejores días en cuanto a experiencia de navegación, hoy el Mediterráneo ha decidido mostrarnos que aun esconde carácter en su alma antigua tras siglos de unir a pueblos diversos y aun puede ser la morada del iracundo hermano de Zeus, Poseidón, quien ponía a prueba a los héroes griegos en sus odiseas y viajes en pos de vellocinos de oro.

Ya en la salida de Lipari vimos que el buen tiempo iba a darse un pequeño descanso (creo que también por ahí en España os ha hecho malo estos días) y se levantaba un viento racheado muy incómodo y en el mar nos encontrábamos olas de verdad.

Diego, como buen marino, ya tenía previsto el tiempo y habíamos repasado conceptos con él y establecido de antemano el puesto de cada cual para evitar descoordinaciones. El almirante iba a pasar el viaje bajo cubierta y los demás estaríamos ayudando a Diego con las maniobras, porque se esperaba tener condiciones cambiantes.

Esta parte de la experiencia de navegación me faltaba, aun no me había tocado ver el mar de malas. Cuando pasamos por Ventotene antes de llegar a Nápoles, simplemente tuvimos un viento en contra incómodo, lo de hoy ha sido bastante peor.

Ahora, en la comodidad de la cabina, con ropa nueva seca y la cara limpia de salitre, la experiencia se recuerda con más sensación de peligro, pero en el momento la adrenalina y la concentración en las tareas designadas han hecho que se haya pasado el día enseguida. Obviamente todos tenemos las manos resentidas de manejar cabos a los que las velas agitadas por el viento hacían revoltosos y más difíciles de manejar y los ojos irritados del viento y las salpicaduras, pero en general ha sido una gozada ponerse a prueba de esta manera y comprobar como responde un equipo de compañeros ante una situación más complicada y como de las complicaciones compartidas surge la camaradería, como en una película de Howard Hawks.

navega_ustica

Diego, que se ha visto en muchas, nos ha explicado esta mañana a toro pasado que a esta jornada no se le podía llamar temporal, que podía había sido peor, pero que le había venido bien para saber como responde el Acrobat y la tripulación a condiciones menos favorables.

Hoy he aprendido la importancia de la estiba de todo lo que viaja bajo cubierta y que cuando uno está abajo tiene que estar bien sujeto, como todo lo demás, que somos gente grande y no es cuestión de tener cien kilos de marinero rebotando. Sabiduría del almirante. Una lección aprendida tras varios trompazos y sendas miradas teñidas de “te lo dije”.

Pero sobre todo lo que ha quedado claro es que la previsión, definir tareas y procedimientos y respetar las previsiones de seguridad (cada uno con su chaleco ya puesto) evitan problemas y permiten concentrarse en la tarea de cada uno y disfrutar del reto. Al final, como en una obra, como para construir cualquier cosa, es importante respetar los procedimientos que otro ha dejado antes en favor del trabajo efectivo y seguro.

Ya sabéis que yo no soy muy proclive a esto de vencer los límites, no soy del tipo aventurero… o no lo era hasta ahora. No sé si el tiempo y la costumbre cambiará la sensación, pero lo cierto es que ahora entiendo la adicción a ponerse en estas situaciones. El cuerpo te regala con un chute de euforia al que uno podría acostumbrarse.

Ahora ya hemos llegado a la que será la casa del Acrobat durante las próximas semanas: Ustica. Un sitio muy pintoresco, en mi siguiente carta hablaré de ella con más detenimiento.

Abrazos y besos para todos.
Juan Sebastián Pym

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