Cuando Diego, nuestro capitán, tenía 7 años conoció a “Ferrán” un pequeño velero de madera que su familia tenía en el puerto de Cambrils, fue la primera vez que sintió la llamada del mar.

Navegar es una experiencia extrema, te atrapa o te rehúye; y el mar le atrapó.

Diego es una persona inquieta, que tiene múltiples aficiones: vuelo sin motor (volar en planeador), submarinismo, piragüismo, snowboard, mountainbike, golf, tiro con arco, modelismo… Como buen aventurero investiga cuanto se pone a su alcance, sin embargo la vela es una constante en múltiples formas: windsurf, vela ligera (categorías de: Optimist, Pastinaca, 420, Vaurien y Hobbie Cat) y crucero.

A los 33 años, conjuntamente con 2 amigos, compraron un pequeño crucero modelo Geisha. Con un poquito más de eslora (longitud) que el Ferrán, apenas 6 m, con el navegaron durante más de 10 años por las aguas del embalse de Mequinenza (Cuenca del Ebro) conocido como Mar de Aragón

Navegaba con este barquito los fines de semana, pero la llamada del mar era intensa y el verano la oportunidad perfecta para navegar en alta mar. Así que, con el titulo náutico de Patrón de Embarcaciones de Recreo y con destinos como Costa Brava y Baleares recorría el mediterráneo de alma profunda y oscura con sus amaneceres rojos, como dice la canción.

Después de obtener el título de Patrón de Yate, y a bordo de grandes veleros, participó en dos ediciones de La Ruta de la Sal una de las más prestigiosas regatas de altura de España y, con la escuela de vela As de Guía, en la Regata el Gaitero, la más prestigiosa regata del Cantábrico. Pero la llamada del mar seguia siendo fuerte y constante,  faltaba algo, navegar la mar océana. Así que, en la primavera de 2015 y a bordo del Freya se lanzó a cruzar el Atlántico. Zarpando desde el archipiélago de las Canarias para llegar a Cabo Verde, y de ahí a Trinidad y Tobago.  Más de 3000 millas náuticas en total. Una experiencia que reavivó el sueño de aquel crío de 7 años, que posteriormente devoraba los libros de viajes de grandes navegantes y soñaba con emular sus aventuras dando la vuelta el mundo en un velero.